Todos los profesionales de la salud mental coinciden en que el apoyo de cuidadores, familiares y amigos facilita la recuperación de la persona que sufre una depresión.

También coinciden en que las situaciones de estrés pueden empeorar los síntomas depresivos y, sin embargo, son pocos los tratamientos para la depresión que incluyen información o trabajo con los familiares y allegados.

Con esta paradoja entre la importancia de tu implicación y la falta de información es fácil equivocarse, no saber qué hacer o paralizarse al enfrentarse a distintas situaciones. En otro post del blog quisimos aportar una serie de consejos para las personas que sufren depresión pero, como psicólogos expertos en trastornos del estado de ánimo, nos llegan muchas consultas de personas en busca de orientación psicológica por tener familiares o amigos que padecen depresión:

  • Mi madre está en tratamiento para la depresión pero yo no sé como ayudarla.
  • Mi pareja va al psicólogo y se supone que va mejorando pero todo lo que yo hago o digo siempre está mal.
  • Creo que mi hijo está deprimido, ¿qué puedo hacer?
  • Lo primero, es fundamental contar con información psicológica de calidad, familiarizarnos con el estado depresivo.

La depresión es un trastorno del estado de ánimo que puede afectar a personas de todas las edades, profesiones o condiciones.

La persona que la sufre va perdiendo poco a poco la ilusión y la energía para hacer cosas. Le invaden pensamientos catastrofistas constantes y aparecen perturbaciones físicas: dolores de cabeza, de articulaciones, problemas digestivos, disfunciones sexuales, insomnio… Es común que la persona acuda a su médico de cabecera aquejando estos síntomas físicos.

Una persona con depresión no elige estar así, no es vaga ni le falta voluntad. No requiere hacer un esfuerzo para que se le pase.

Imagina que las cosas que te gustan o que te ilusionan de pronto te resultan indiferentes. No te afectan, no te alegran ni animan. Los estímulos pierden intensidad. La comida resulta insulsa y se pierde el apetito. Tus hobbies ya no tienen interés para ti.

No logras concentrarte para leer y te vas sintiendo cada vez más inútil y vacío. Todo esto sin ninguna capacidad de control, sin entenderlo o sin poder pararlo.

La depresión va avanzando sin apenas darte cuenta al principio y se va quedando con tu apetencia y energía. Al igual que vivir este empobrecimiento, tener que ver cómo le ocurre a alguien que nos importa tampoco resulta nada sencillo.

Consejos de psicólogos especialistas en el tratamiento de la depresión

Lo primero de todo, aprende sobre la depresión. Contar con información de calidad te ayudará a entender lo que la otra persona está pasando y a prepararte para lo que viene.

Habla claramente con la persona deprimida: dile que quieres ayudarle, que quieres escucharle sin juzgarle y que pretendes apoyarle.

Anímale a buscar ayuda profesional. Ofrécete a acompañarle a las citas médicas o del psicólogo.

Ayúdale con las tareas cotidianas. Si la persona está de baja laboral o se encuentra en situación de inactividad (sin trabajar o estudiar) es fundamental establecer y mantener una rutina, seguir pautas regulares de alimentación, actividad y sueño.

Anímale a hacer deporte y a participar en quedadas sociales. Incluso aunque no le apetezca mucho hemos de insistir un poco en que le conviene salir de casa (o de sí mismo) y distraerse con gente que le aprecia.

Si la persona piensa en hacerse daño a sí misma o ya se ha autolesionado anteriormente procura no dejarla sola. Quita de su alcance todo objeto peligroso (medicamentos, objetos afilados, alcohol y drogas). Pida ayuda adicional a los servicios de emergencia o a profesionales sanitarios. Llegados a este punto, la ayuda profesional ya no debe posponerse más.

Es normal, sobre todo en un primer momento, complementar la terapia con tratamiento farmacológico. Es importante que confíes en los profesionales y que no te sumes a la reticencia a la medicación. Pregúntale al médico todo lo que necesites saber, la duración del tratamiento, los efectos secundarios esperables, etc. La medicación debería ser un complemento de la terapia, no el único tratamiento.

No has de sobreproteger a la persona, dejar de contarle las cosas que ocurren u ocultarle la gravedad de la situación. Deberías tratar de hablar de todo como lo hacías antes de que estuviera deprimida.

Así mismo se desaconseja el chantaje emocional para intentar que siga las pautas de su tratamiento. No uses el “hazlo por mi“, es contraproducente para los dos. Debe hacerlo por sí mismo.

Cuídate tú también. Procura buscar momentos para relajarte y seguir haciendo cosas que te gustan. Aunque la persona con depresión sea muy cercana o importante para ti, no es tu papel curarle ni salvarle. Tienes que ser muy consciente de que tu función es acompañar y estar disponible como ayuda complementaria a la terapia, no como único apoyo. La depresión es una enfermedad incapacitante que a veces implica una lenta recuperación. No te olvides de tí mismo/a.

Pide ayuda tú también, profesional o personal. Cuenta con otros apoyos, busca relevos en caso de que la persona necesite que se le administre la medicación o vigilancia constante por riesgo de autolesiones. No te hagas cargo de todo.

El tratamiento para la depresión es una carrera de fondo, mide bien tus fuerzas.

Si necesitas apoyo profesional o ampliar información sobre la depresión o su tratamiento no dudes en consultar con tu psicólogo experto de EnMente.

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