No dejo de pensar en comida. Me cuesta mucho concentrarme en otras cosas. Cuando empiezo a comer siento que no puedo parar, que nada me llena o me satisface. Soy capaz de comerme todo lo que tenga a mano de golpe pero luego me siento fatal, me duele el estómago y necesito hacer algo para compensarlo. Necesito vomitar después o intentar no comer al día siguiente. Nadie sabe nada de esto. Me siento siempre nerviosa y muchas veces triste.

La bulimia nerviosa es un trastorno de la conducta alimentaria (TCA) que afecta a adolescentes y adultos de todas las edades. Aunque mucha gente piensa que es una enfermedad menos grave que la anorexia, en realidad ambas tienen importantes consecuencias para la salud física y mental de la persona que las sufre. La bulimia es una enfermedad de larga duración y difícil detección.

La persona que la padece suele esconder sus síntomas y además, como el cambio físico (la pérdida de peso) no suele ser tan destacable como en la anorexia, las personas cercanas no suelen darse cuenta hasta pasado bastante tiempo.

Síntomas de la bulimia

La bulimia es un trastorno alimentario que se caracteriza por la obsesión con el peso, la alimentación y el aspecto físico.

Como manifestación de estas obsesiones se dan episodios recurrentes de atracones que suelen ir acompañados de conductas compensatorias como el vómito, el ejercicio desproporcionado, el uso de pastillas quemagrasas o laxantes. La persona vive estos episodios con una gran sensación de descontrol, como si no fuera dueña de sus actos ni de lo que ingiere y posteriormente siente una enorme culpa y vergüenza que precipitan las conductas compensatorias.

Síntomas físicos de la bulimia

  • Los atracones generan el efecto contrario al que la persona desea: en lugar de ser una forma rápida de perder peso, afectan al cuerpo de tal manera que el peso fluctúa y cambia constantemente.
  • Suele aparecer deshidratación.
  • Problemas gastrointestinales: estreñimiento o diarrea.

Síntomas psicológicos de la bulimia

  • Obsesión por el peso, la alimentación y el aspecto físico.
  • Ansiedad generalizada.
  • Cuando se empieza a comer a deshora (meriendas, madrugadas) hay sensación de descontrol, no se puede parar de comer y no se consigue dosificar la cantidad de alimentos ingeridos ni el tipo de alimento.
  • Culpa y vergüenza constante, empieza en relación al aspecto físico y a la comida pero suele generalizarse a todas las situaciones de la vida. Se empieza a sentir vergüenza al estar con los seres queridos, culpa por no ser suficiente o no llegar a más, etc.
  • Estado de ánimo bajo alterado con momentos de frustración o ira.
  • Problemas de concentración, despistes y olvidos.
  • Alteraciones del sueño: cuesta conciliar o pueden darse despertares a media noche.

Síntomas de comportamiento de la bulimia

  • Atracones: episodios en los que se ingiere una gran cantidad de comida en poco tiempo con gran sensación de descontrol. Los atracones suelen ocurrir a escondidas y muchas veces por la noche o de madrugada.
  • Conductas compensatorias: para intentar calmar la culpa y evitar la subida de peso tras los atracones, puede utilizar purgas, ingesta de laxantes o diuréticos, practicar ejercicio de forma compulsiva o tomar pastillas quemagrasas de forma descontrolada.

Son muchos los síntomas de la bulimia y no hay que padecerlos todos para buscar ayuda o considerar que tenemos un problema de alimentación. Hay personas con bulimia con infrapeso y con normopeso (considerablemente delgadas o en un peso sano).

Causas de la bulimia

Los primeros síntomas de la bulimia nerviosa suelen aparecer a raíz de una dieta demasiado restrictiva. Se mezclan factores de la personalidad, como pueden ser la impulsividad, falta de tolerancia a la frustración o un estado emocional muy variable; con la ansiedad que genera una dieta restrictiva.

Cuando aparecen los atracones es frecuente que la culpa y la vergüenza nublen el juicio. Sentimientos de abatimiento por haber tirado por tierra todo el esfuerzo de la dieta, además de un profundo malestar físico, pueden llevar a la persona a vomitar o a castigarse realizando ejercicio compulsivamente.

La bulimia, como todos los trastornos de alimentación, tiene que ver con una forma de gestionar mal las emociones a través de la comida. Por eso existen multitud de situaciones que pueden desencadenar este trastorno: una ruptura de pareja (link terapia de pareja), un fracaso profesional o escolar, problemas familiares o cualquier cambio que genere una gran cantidad de estrés.

Todo cambio, incluso los positivos, genera estrés. Cada persona tiene su forma de gestionarlo y algunas son muy susceptibles a esas tensiones.

Existen diversos factores predisponentes a la bulimia como haber padecido sobrepeso en la infancia o adolescencia, haber crecido en una familia que le da excesiva importancia al aspecto físico o que no tiene una relación sana con la comida.

Consecuencias de la bulimia

La bulimia tiene importantes consecuencias tanto a nivel físico como psicológico.

La primera es el enorme malestar derivado de la obsesión por la comida, que lleva a la persona a aislarse de los demás. Se avergüenza de sus actos e intenta ocultarlos, separándose cada vez más de las personas que le importan y volviéndose mucho más introvertida.

Si la bulimia no se trata a tiempo tiene consecuencias muy graves

A nivel físico produce importantes estragos provocados por las purgas, los laxantes y los atracones. Aparecen problemas intestinales graves, estreñimiento crónico, alteraciones dentales producidas por el vómito, desequilibrios electrolíticos, déficit de calcio y potasio, arritmias cardiacas, daño renal y un largo etcétera. Todo esto únicamente en el plano físico.

A nivel psicológico el bienestar emocional desaparece. La persona que padece bulimia no es feliz, nunca se siente satisfecha y sufre de ansiedad constante. El estado de ánimo es muy inestable, con picos de euforia seguidos de importantes momentos depresivos. Tienen dificultades para mantener amistades, parejas o trabajos.

Suelen manifestar conductas impulsivas y antisociales: son propensas al consumo de alcohol o de otras sustancias, mantienen relaciones de riesgo, pueden hacer pequeños hurtos y llegar a las autolesiones.

El desequilibrio que produce la bulimia altera todas las áreas de la vida de la persona, llegando a alejar a los seres queridos que no logran explicarse tanta inestabilidad.

La mayoría de veces no se nota una importante bajada de peso ni suelen mantenerse en estado depresivo por lo que son personas aparentemente adaptadas, que pueden tener ocio o relacionarse de forma intermitente. Esto dificulta la detección precoz y que se inicie pronto el tratamiento.

Tratamiento para la bulimia

El tratamiento requiere generalmente de intervención psicológica, psiquiátrica y la colaboración de la familia o de la pareja.

Es fundamental trabajar sobre la autoestima, la sobreestimación de la importancia de la imagen, los cambios en el estado de ánimo, establecer rutinas y ordenar la alimentación para que no se encadenen episodios de restricción con atracones, etc.

Si la persona tiene mucha impulsividad o ansiedad suele ser necesario complementar con tratamiento farmacológico sobre todo al inicio del proceso.

La duración del tratamiento depende de muchos factores pero es determinante el tiempo de evolución del trastorno antes de iniciar el tratamiento, las consecuencias que ya hayan aparecido, el apoyo externo con el que se pueda contar (familiares cercanos, pareja o personas con las que convive) y la posibilidad de establecer rutinas ordenadas. Puede durar entre un año y cinco dependiendo de la gravedad (existen casos donde son necesarios ingresos o el recurso de un hospital de día).

Hay que tener en cuenta que la alimentación caótica que aparece en la bulimia es un reflejo de la persona que la padece y de cómo se encuentra en la mayoría de ámbitos de su vida. El tratamiento para la bulimia siempre debe ser global y no centrarse únicamente en los patrones de alimentación.

En EnMentePsicólogos somos expertos en el tratamiento de la bulimia y consideramos que los trastornos de alimentación deben de ser siempre tratados por profesionales con formación específica en estas problemáticas.

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